Eran siete u ocho personas, o individuos, quizá nueve. Se zarandeaban, se empujaban y se increpaban sin posible fin. El chaval de veinte años empujaba y gritaba a la mujer de cincuenta, la de sesenta y algo intentaba cogerle el pelo a la de treinta y el señor de sesenta movía los brazos intentando abarcar el mundo que ya se le había escapado. Todos ellos, formando una algarabía que trascendía dos calles más allá, supuestamente, peleaban campalmente por un taxi. No había ninguno en la parada, o eso me pareció cuando durante mi paseo me sorprendieron los gritos bélicos y agónicos y que, como ser curioso que soy me hicieron parar la marcha. Allí seguían soltando injurias e intentando alcanzarse las melenas, unas más frondosas que otras, cosas de la genética y de la edad. Entre tanta algarabía llamó mi atención un llanto desesperado y sincero. Ahí estaba. Un nene bípedo aún sin saber que lo era chillaba y lloraba espantado lágrimas gordas como garbanzos mientras sus padres, dignos de pillar un taxi a la de ya, agitaban sus progenitores brazos sobre la cabeza de aquella otra señora. Estuve tres minutos contemplando aquello con mi teléfono en la mano, sin grabar ni nada, bastante tenía ya con lo que recogían mis ojos. La ridícula pelea se fue disipando mientras yo iba metiendo mi teléfono en mi bolso. La criatura lloró aberrantemente demasiados minutos después, yo ya estaba haciendo lo que fui a hacer, pero su griterío no cesaba. Aún retumba su incomodidad en mi cabeza.
EL AQUELARRE DEL GIRASOL
viernes, 19 de diciembre de 2025
sábado, 9 de agosto de 2025
Los rincones deseados
Las puertas viejas, hinchadas en sus bajos y tan lacias en su porte; las paredes, engordadas ya de capa y capa de pintura mala, una tras otra y sin miramientos y, aun así, tan deslucidas.
No hay mano vigorosa ni mágico mejunje que devuelva a la línea que conforma la muralla del rodapié su anodino cometido que, todavía no se sabe cuál es, quizá, ostentar la pulcritud de trazos que, presumo, lució alguna vez.
Tampoco es el suelo riachuelo donde encontrar los ojos que lo miren porque, de tantos devenires, carreras y letargos, se volvió áspero, insulso y amargo, pero, qué curioso, también regio y necesario para seguir posando los pies.
Cuánta ruina por rehacer. Eso es. Sea lo que deviniera si puede, será ruina otra vez. Y no es drama ni fatiga, es gastar, vivir, crecer.
Esos rieles malditos copados de polvo y piel, de chirridos de persianas y de un hogar expedito donde hay días de treinta horas y otros de veintitrés.
Qué imperfección, qué lucha. Qué flaca se vuelve la hucha.
Falta menaje y sobra, qué de trastos, qué desdén, dónde pones esa balda, dónde tiras el "de quién" que hace tiempo que no estaba y que vuelve a aparecer. Sobra el espacio y falta y el continente de marras que tantos lustros ya gasta no ayuda a que salga bien; cuando hay posibles no hay ganas y si hay ganas, hay que hacer. Tú jamás serás mi casa.
Claro que no, dice ella que, mira si es zafia, que habla. Me caigo de vieja y me dejo hacer.
Y te enseña, zorramente, sus rincones más preciados, por si los quieres ver. Ajados, hinchados, viejos, los del rodapié mojado.
Te muestra el lar del triunfo, te hace un atillo amañado, con el antes y el después, para que vayas con él o lo lleves a algún lado.
Te lleva al rincón soñado, donde te partes a trozos, donde recompuesto sin esfuerzo tres cochambrosos objetos te elevan un instante al Cielo para bajarte después. Y así hasta el infinito son los rincones bonitos.
lunes, 30 de diciembre de 2024
RESPIRO
Por si se gasta, por si se agota, por si se muere. Sólo te voy a mirar, por si te gastas, por si te agotas, por si feneces. Voy a mirarte millares de veces, de medio lado, de soslayo, a hurtadillas y en sueños, por si te gasto, por si te agoto, por si te mato. Mi tesoro, mi bien, mi valija, que no te gasten, que no te agoten, que no te maten. Voy a taparte, como yo sé, que no te gasten, que no te rocen, que no te maten. Mi tesoro, mi bien, mi baratija, no te dio el aire, te veo distinta. No te preocupes, no te harán daño, tampoco bien, no te harán nada y eso está bien, igual te guardo porque eres mía, que no te dañen, que no te pisen, quédate quieta, quiero dormir. Que no te dañen, que no te gasten, que no te agoten. ¿Luz todavía? No te preocupes, si a acaso duerme y me acompañas. ¿Luz todavía? ¿Qué coño es eso? Luz todavía... Que no eras mía.
miércoles, 28 de agosto de 2024
LAS NOTAS PERDIDAS
Te compuse las notas más dulces, las de la teta, las tuyas que aprendí; te ideé mil maneras de odiarme, como te gustaba, como ibas a por mí.
Me rasqué siete veces en el sitio y jamás fue tu mosquito.
Te esperé desolada y estúpida, rondando la música, la que siempre oí. Y la amé y la hice un sayo, un cuento sin amo y un hábito áspero, un agujero sin fin.
Rodeé el sitio y mi sangre, acaso hice patio y dejé de huir; caminé despacio en la muerte, madre en nuestras vidas, y casi morí. La dejé partir sin salida, soñando otros tiempos por ti y por mí.
Caminé descalza y perdida, me supe varada, salada y curtida, y pude vivir. Me faltaron la sangre podrida, tu risa y la mía sonando las dos.
miércoles, 15 de marzo de 2023
TRES LUCES, O CUATRO
Tres luces, o cuatro, la de la boya, la tuya y la mía. Tres luces, o cuatro, la de tus ojos, mi ansia y la vida. Tres luces, o cuatro, la que me vela, la que alimento y la viva; la no muerta, la estúpida pertinente que, hagamos lo que hagamos, atiza.
jueves, 2 de febrero de 2023
EL LLANTO
El hombre y la mujer que lloran son ese niño que se lleva a sí mismo por bandera y que no morirá nunca, así aprenda a ser la máscara de adulto que tanto anheló siendo infante.
jueves, 6 de octubre de 2022
MENTIRAS
Por supuesto que sí, algunas mentiras son maravillosas, tanto que a fuerza de recrearse en ellas se van somatizando, para mal y para bien, como ese dolor en la boca del estómago fruto de una neura que si no se solventa, la neura, se hace crónico, el dolor, o como esa buena cara que creemos portar en ocasiones solo por eso, por creerlo. Algunas mentiras son un bálsamo para suavizar los días de viaje que llevarán a la verdad, mentiras repudiadas por serlo, pero tan necesarias a veces. Algunas mentiras son verdades por fascículos, con sus entradas fuertes, sus desarrollos lineales y sus "continuará" contundentes, como hace la teleserie del viernes que no reaparece en pantalla hasta el lunes. Hay mentiras más reales que la propia verdad, porque se empleó en su elaboración toda la pasión que le faltó a la realidad. Hay mentiras que avisan, que chillan que lo son y que son más puras que la verdad que se espera. Hay mentiras temporales que son verdades eternas, las que por mucho cuello que metas en ellas, como para respirar a salvo, ahogan. Y qué bueno que ahoguen y que no terminen de creerse para que, alguna vez, al fin, uno saque la cabeza desparramando fango, salpicando torpemente y , con alivio, se abandone a la verdad.





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