Anoto mierdas en mi agenda, las mías, esas que sin quitarme el sueño me hacen querer dormir a veces y despertarme pronto otras. Anoto tareas ridículas que sé que, aun sin apuntarlas, acometeré pronto o tarde, que es como a mí me gusta hacer las cosas. Escribo rápido en ocasiones y la caligrafía me lo chiva luego, como recordándome que aquello que dibujé tan feo me resultó más importante en aquel momento; y me río sin aspavientos o me sorprendo sin sobresaltos cuando días después no entiendo tanta presura en los trazos. Anoto cosas que he de hacer, o eso creo, o que ya hice, se supone, cosas que raras veces, aunque algunas, consulto pasado el tiempo. Conservo mis agendas como tesorería fina y sé que en ellas lo gordo, lo que buscaría quien profana, apenas se vislumbra a primer golpe de vista, ni al segundo ni al tercero siquiera, aunque estén en los colores, en las líneas, en asteriscos, subrayado o en la lengua del pulso. Las conservo por ser alma vieja y por si alguna vez he de alimentar a otro como yo con hambre y necesidad de minucias.
martes, 23 de agosto de 2022
miércoles, 3 de agosto de 2022
VERANO
El verano es una infancia eterna que solo dura tres meses, es la tarde de un sábado que se antoja sempiterna. El verano es un disco favorito en su primera pista, a la que el resto sigue con sonoros atardeceres cada vez más presurosos; es la ilusión efímera, la más poderosa, es la muerte lenta de quien se sabe enfermo. El verano es un primer beso que se repetirá mil veces antes de recibir al otoño, es el amante renovado y nómada. El verano es la proyección del antes en un después mejorado que se pierde en el ahora sin expirar siquiera; es el sopor que envenena con la mayor dulzura, es el grito de la euforia contenida y la angustia venidera. El verano es el chiquillo que va a crecer aunque no quiera.
martes, 3 de mayo de 2022
CASA
Yo quiero una casa, una con una ventana y un fogón, algún espejo y dos sillas, quizá un butrón, y un colchón amplio en el suelo, que aguante, que recoja mi sueño y no me tire si me muevo, y que me muevas. Yo quiero una casa, una con un par de grifos, uno alto como yo te veo, una con alguna manta y un ropero. Quiero una casa con libros, con pinceles y con tiempo, con la música que me cantas y con mi mal genio. Yo quiero una casa con pan duro y tierno, con el ruido que formas, con ese silencio.
viernes, 14 de enero de 2022
RÍO
Yo a veces sé que soy río porque muero estando viva para seguir fluyendo. Desemboco y no lo hago, sin morir, muriendo, en otras orillas, las mías, que para eso soy cauce y no sé a dónde voy, y las invento.
Y hay veces que muero largo, tendido y quieto, con un respirar violento, de estío, de renovadas aguas que son las mismas en el fluir de un curso, el mío. Y se detiene el tiempo mientras continúa el río.
viernes, 17 de diciembre de 2021
LAS PECAS
A veces no sabes si son pecas o manchas nuevas de tanto vivir, ni siquiera sabes si te brillan los ojos o si aguantas las lágrimas. A veces te despeinas sin querer y ya no sabes si fue queriendo. Hay veces que no conoces la línea que dibujan tus labios, que parecen reír amargamente y llorar con dulzura y ambas situaciones te caben, como te caben mil amaneceres perdidos y cientos más por los que renunciar al resto de tus días. A veces te pareces a quien crees que eres y a veces tienes que estrecharte la mano por primera vez, otra vez. Y a veces, todas en realidad, te encuentras con las pecas que fueron, que son, que no son y serán sin serlo ya, con las lágrimas hacedoras de tsunamis que, en cambio, tanto brillo aportan, y con la boca enjuta y tan habladora aun muda, con los ocasos parturientos de soles nuevos los quieras o no y te abrazas abrazándolo todo en un atemporal sentimiento inexplicable y único como el ser que eres.
lunes, 30 de agosto de 2021
PISA
sábado, 19 de junio de 2021
MI CATETO
A veces lo veo paseando y siento un arrebato que, lamentablemente, yo misma capo. Es parsimonioso en su andar y porta esa hechura que gastan los hombres humildes de antes. Yo, en el fondo de mi ser, querría acercarme a él y hablarle. No sabría muy bien qué decirle ni cómo empezar y, de hecho, me aterra molestarlo y hacerle sentir incómodo porque, sin conocerlo, sé que no merece que nadie le coma un trocito siquiera de la paz que transmite. Fuma. En ocasiones deja el cigarrillo prendido en su boca ajada y no lo aspira siquiera. Lo observa todo y no mira nada, es de esas personas capaces de ver el mundo sin intimidarlo; lo sé porque yo también lo hago. Sus zapatos están siempre gastados y camina mucho pero de forma tenue, como deslizándose por un todo que le pertenece. No sé qué edad tiene, pero me apena y me pellizca el pecho la idea de un transcurrir de meses sin volver a verlo por las calles, que a veces pasa. Sé que llegará el momento y me tocará echar a mi espalda otra pesa que cargar, por cobarde y por humana.




